En los primeros años de la década de los setenta, un grupo de padres de familia de Barquisimeto, comenzaron a plantearse la necesidad de buscar una institución educativa que respondiera a los principios que ellos procuraban inculcar a sus hijos en sus hogares: una profunda formación en los valores cristianos, el cultivo de las virtudes humanas, una educación personalizada, y por supuesto, alta calidad académica puesta al servicio de la sociedad. Muchas de estas ideas fueron escuchadas por ellos de los mismos labios de San Josemaría Escrivá de Balaguer quien, en su labor pastoral, animaba a padres y madres de familia alrededor del mundo a asumir un rol protagonista en la educación de sus hijos, impulsando iniciativas de enseñanza con los principios adecuados.