Jeyra toma forma a partir del sueño de María García, una inmigrante española que, siendo enfermera, arribó al país en 1956. Años después, y para su sorpresa, descubrió su pasión por la costura, la cual pudo florecer en su propio hogar bajo el nombre de “Casa Amaro” Donde dispuso de una habitación, como si de una tienda se tratase, pudiendo vender a crédito a familiares y amigos y, ¡en fin!, hasta a personas que acudían a ella por una simple inyección. Así, 35 años después, nos hemos vuelto pioneros en variedad y seguimos haciendo el sueño de María realidad, sueño que aún recordamos en aquella primera mesa de corte que, tras incontables mudanzas, se conserva hasta hoy.